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El Trio Binelli, Ferman, Isaac en el Colón


PRIVILEGIO Y POPULARIDAD

 

Teatro Colón

Martes 1ero de septiembre de 2015

 

Escribe: Osvaldo Andreoli

 


En el Ciclo Quinto Aniversario del Teatro Colón  se presentó el trío conformado por el bandoneonista Daniel Binelli, la pianista Polly Ferman y el guitarrista Eduardo Isaac.


Una expresión estilizada de lo popular con calidad artística. Arraigo y concepción intelectual. El trío fue anunciado  como una combinación  de los recursos ilimitados del piano, la guitarra y el bandoneón para explorar a fondo el lenguaje del tango. Una música que recrea el pulso tenso y obsesionado de la ciudad de Buenos Aires, su tristeza evocativa y su expresión existencialista.
La repercusión de las obras de Binelli se confirma con el reciente estreno  en Alemania de su “Encounters”, doble concierto para bandoneón, violoncelo y orquesta. Su “Homenaje al tango”, doble concierto para piano, bandoneón y orquesta, con la participación de Ferman, lo escuchamos en 2008 en el Argentino de La Plata. Se recuerda en el corrillo del foyer cuando Charles Dutoit en el 2000 había invitado a nuestro exponente del “bandonion” (fabricado por Heinrich Band). Fué como solista junto a la orquesta sinfónica de Montreal. Y luego se grabó un disco donde participó Eduardo Isaac.


La pianista uruguaya Polly Ferman es una intérprete destacada de la música latinoamericana. Y ha grabado como solista un repertorio insoslayable de nuestro continente. Creadora y directora de “Glamour tango”, con un elenco exclusivamente femenino. (Espectáculo que apreciamos en el Maipo en 2011, y del cual conservo una foto junto a la artista y el legendario Horacio Salgan). Por su parte, Eduardo Isaac ha obtenido concursos de interpretación de renombre mundial. Sus transcripciones y arreglos renuevan la estética guitarrística.


El ataque de la Suite Troileana (Bandoneón) hizo vislumbrar un concierto excepcional. No es casual la elección de esta obra de Piazzolla, al que Binelli estuvo vinculado en 1989. Fueron giras memorables con el New Tango Sextet, al que también pertenecía Gerardo Gandini..

 
EN CONCIERTO (CRONICRITICA)
Ferman desde el piano anuncia la partida  Pliiegues y despliegues, ecos de liturgias desde el fueye. Reminiscencias de órgano. Sugiere “Quejas de bandoneón”, un tema de Troilo. Salto de tonalidad hacia el agudo y vibra la guitarra. Lirismo en el teclado melodioso. Ensamble del trío. Y una suerte de shearing, en el unísono de piano y guitarra. (efecto  tímbrico introducido en el jazz por George Shearing, caballero de la Reina británica).


AFINIDADES ELECTIVAS
La Suite prosigue (Zita) y Binelli anticipa recursos percusivos, golpeando la caja en ambos lados. Cambio de tonalidad. Delicadeza, suaves notas del teclado y el bandoneón apiana. La melodía canta en la guitarra, adornada por ribetes del teclado. El fuelle se expande y viborea con apoyaturas bartokianas de la dúctil pianista. Afinidades. Afiatada interpretación de la Suite. En “Whisky” la guitarra incluye acordes de “Garúa”, de Troilo, según el arreglo pergeñado por Binelli. Esa cita es simultáneamente una metáfora, tácita comparación del whisky y la garúa. Y en esa resonancia se revela la poética musical del maestro.


El trámite se acelera con profusión de notas en el piano. Cabe un remanso ebrio de bandoneón. Estallido rítmico del piano, con toques percusivos. Ensamble armónico en la vertiginosidad del trío.  Vuelve el motivo de “Garúa”, suspendido en las cuerdas;  se apaga.


Y en  la caja de la guitarra resuena el ritmo candombeado de “Escolazo”. La percusión del fueye combina rasgueo de uñas sobre la botonera. El piano cobra protagonismo. Sutilezas y shearing vertiginoso. Al unísono de notas rápidas se agrega el bandoneón. Entretejido diáfano. Acordes disonantes al cierre.


En “Danzarin” de Julián Plaza se luce la musicalidad sin estridencias de Eduardo Issac. El tema adquiere una dimensión contenida en sus cuerdas. Leves staccatos y portamentos melodiosos. Clara sonoridad, añoranza y una variación original en el remate.


El piano se agrega para el dúo en “Orgullo criollo” de De Caro y Laurenz.  Virtuosismo a la par. Y una resolución de vuelo.


“Valsecito amigo” de Troilo  es un diálogo cordial, un tejido en contrapuntos, adornos y fiorituras. Vuelta que se retarda y retorna en el final lucido del piano. Éste anuncia con un diáfano acorde la pieza siguiente.


Es “Verano porteño”.  El bandoneón expande su sonido, bulle en armónicos. Microtonos. Hasta insinuar la marcación de un compás. El maestro quilmeño (que va y viene por el mundo) saca de la jaula mágica otro mundo. Innova el tema de Piazzolla. Se acalora en el diálogo con Polly Ferman. Un dúo con afinidad prístina del Río de la Plata. En la segunda parte el suave melodismo del piano remansa los compases del fueye.  Éste fluye en ligeros pianísimos. Y vuelve a estallar en broncas y rezongos al estilo Pugliese. Sedimentos del paso de Binelli por la orquesta arquetípica durante 15 años. Atisbos de una cultura acumulada en el fraseo. Personal expresión del arreglador de los temas del concierto.


El trío se reintegra e introduce en “Anhelo y misterio”. Acopla un solo de guitarra. Secuencia de milonga candombeada en el piano. Se abre un  interrogante del bandoneonista y compositor del tema. Sucede una intriga, un “ostinato”. Sus agudos vibratos chispean en diálogo con la guitarra. Y vuelve la ráfaga ascendente del piano que precede otra interrogación. Salto de tonalidad que marca el teclado para desatar las diabluras del trío. Reciedumbre del pequeño órgano antes del final, acelerado, in crescendo.


PRIVILEGIO Y POPULARIDAD
(Reflexión en el paréntesis: La acústica del Colón alberga y expande música de Buenos Aires de origen popular.  Asistimos a una exploración de inéditos matices en un ámbito privilegiado. Vale la pena diferenciar esta musicalidad de otras populacheras y masificadas. A las que dieron acceso al teatro funcionarios desaprensivos, en aras de sus propios caudales. Y en ocasiones con amplificación agresiva).


Un deleite de sensibilidad porteña dio comienzo a la segunda parte. Introducción para “María” de Troilo en el solo de Binelli. Se perfila el tema en un despliegue profuso. Dimensiones del imaginario musical.


La guitarra vuelve para un dúo candombeado. Issac se inspira con “Azabache”, en diálogo y milonga. Suaves percusiones alternadas en la caja y sobre las botoneras del fueye. El fraseo acompasado reaparece, anticipando una escala ascendente de las cuerdas. .


Sigue “El firulete”  de Mariano Mores. Pianísimos sutiles de la mano derecha que apenas palpa la botonera. Dibuja firuletes. El dúo se explaya en un diálogo a media voz. Sobrio repique de candombe sobre las cajas del fueye. Unísono y staccatos.


“Seis por tonante” del chileno Javier Farías Caballero está dedicada a los intérpretes.  Composición de vuelo lírico. Tonada de cueca desde el teclado, base para un trance bandoneonístico. Variaciones y asimetrías de Ferman que remiten a Stravinsky. Modulación, virtuosismo de la guitarra afinada por cuartas. Exploraciones conjuntas, matices sutiles. Rasguidos sobre los botones del fueye que juega con las cuerdas. El grupo conjuga lenguajes musicales elaborados.. Sintáctica pulida y memoria, redes semánticas emotivas.


Solo piano para “Imágenes de Buenos Aires” de Binelli. (Preludio-Gran tango-Milonga).  Realce y refinamiento en el estilo de Polly Ferman. Se prolonga en plenitud  hacia Gran tango, de ritmo recio, apugliesado. Toque exquisito, acariciando acordes. Y ataca Milonga, con variantes de tonalidad y disonancia rítmica. Ovación. La concertista dice “el compositor” señalando al bandoneonista que reaparece para “El choclo”. Armonías para un clásico del género. Golpecitos a los lados y arriba de la caja de resonancia. Retorna el tema en diálogo amoroso.


“Buenos Aires hora cero” de Piazzolla es una exploración del trío. Una ráfaga del trasfondo. Recursos aleatorios del bandó e improvisación. Unísono con el piano, cuyos efectos se multiplican. Polly Ferman emula sonidos de la ciudad. Y un toque insólito final. (En un aparte, Binelli me comentará: “Para este tema nos falta el contrabajo. El piano semeja un caminante de una ciudad corrupta. Mis improvisaciones se potencian con los efectos de Polly. Sus inventos me favorecen”. Curiosamente, el músico explica que ciertos sonidos escapan del instrumento. Por su propio uso,  por “su desgaste”. Una decantación, sin duda.


Ya en la despedida, el trío arremete y colma el ámbito del gran teatro con “Libertango”. Un fugado desde la guitarra. Modulaciones y un salto sorpresivo. Un remate para un público de pié. Se mezclan melómanos con estudiantes y turistas. Fuera de programa, en “Adiós nonino” se despliegan gamas de la imaginería, sensibilidad y estilo. El fueye ataca consumando tradición y vanguardia del género. Soltura del ensamble. Y el pulgar de la pianista sella un triple, súper glissando.


Los  tres instrumentos armónicos dejaron la impresión de un concierto de jerarquía. Enriquecido entre los intersticios, molduras y rincones del ámbito acústico privilegiado.


OSVALDO ANDREOLI