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Desviación del Colón hacia actividades impropias y gran movimiento en el interior

 

EL BALANCE DE LA TEMPORADA LÍRICA

 

Escribe: Carlos Ernesto Ure

(La Prensa )

 

 En sintonía con el sistema autocalificativo del gobierno nacional, el Colón definió su temporada como “exitosa”. Pero ello, por cierto, no fue así. Aparte de la utilización comercial de sus instalaciones como “salón de usos múltiples”, lo que viola los objetivos que le marcan su ley específica y su prestigiosa tradición internacional, la serie oficial se integró sólo con siete (7) títulos para las funciones de abono, a los que cabe sumar, en extraordinarias, una dedicada a Dallapiccola, por completo olvidable, y otra en homenaje a los cien años del nacimiento de Ginastera (“Beatrix Cenci”), con puesta sumamente discutida.


Sólo dos
De todas las demás, las que merecen rescatarse son “Die Soldaten”, de Bernd Alois Zimmermann, debido a su significado como estreno iberoamericano y su magnífico cuadro teatral y visual (Enrique Bordolini, Sofia di Nunzio, Pablo Maritano), y también “Tosca”, en la que descolló el tenor Marcelo Álvarez, quien reapareció en nuestro medio después de largos años de brillante recorrido internacional. La reposición de la producción original de Roberto Oswald, esta vez a cargo de Aníbal Lápiz y Christian Prego, hizo resplandecer además la obra de Puccini en un marco de señalada belleza.


“Dido y Eneas” fue antes que otra cosa, una fina edición de ballet-pantomímico y “Porgy and Bess” un “musical” de Broadway. Del resto, mejor no hablar. Cabe destacar además, porque llama la atención, que contando con cuerpos estables a los que se abona su sueldo con la regularidad debida, en todo el mes de Noviembre no se registró un solo espectáculo lírico.


En La Plata, lo mejor
Al margen de sus reiterados conflictos internos, que redujeron sus prestaciones operísticas (una trillada “Bohème”, “Così fan tutte” y nueva postergación de “La Corte de Faraón”), lo más importante de toda la “stagione” lírica de 2016 fue sin duda el estreno sudamericano de “Written on Skin”, en Octubre, en el teatro Argentino. Con lenguaje moderno, el trabajo del británico George Benjamin (la “première” tuvo lugar en Aix en Provence en 2012 y se difundió luego rápidamente en todo el mundo) se basa en una leyenda del trovador medieval catalán Guillem de Cabestaing, de fuerte impacto trágico-psicológico, sobre la cual Martin Crimp construyó un texto de ricas imágenes y situaciones. Apartado casi por completo de agresivas disonancias, Benjamin elaboró una partitura que oscila entre cierta vaguedad tonal y una arquitectura armónica tocante, de sereno cromatismo. Sin acentuaciones rítmicas remarcables, con texturas muy bien balanceadas y sugestiva generación de climas, las líneas melódicas se asientan sobre todo en timbres y colores, y desenvuelven un discurso que suele ubicarse con intercalaciones de planos entre el “mezzo forte” y el “piano”, con súbitas erupciones cuando la trama lo requiere. La orquestación, por otra parte, es de excepcional, espléndida maestría, y el todo apunta a inaugurar una nueva corriente estética.


El Avenida
El Avenida desplegó en cambio un ciclo sostenido meritoriamente durante todo el año, a cargo de dos compañías privadas, “Juventus Lyrica” y “Buenos Aires Lírica”. En su esbelto escenario se presentaron “Fausto”, de Gounod (Abril), “La Viuda Alegre”, esa deliciosa opereta de Lehár (Mayo), “I Capuleti e I Montecchi”, de Bellini, (Junio), “Ernani”, de Verdi y “Orfeo y Eurídice”, de Gluck (Agosto), “Manon Lescaut”, de Puccini, en la que la “mise-en-scène” del relevante artista brasilero André Heller-Lopes no estuvo esta vez a la altura de sus antecedentes (Octubre), y finalmente “Butterfly”, de Puccini, con destacada conducción de Antonio Russo (Noviembre). En el Empire se dio además la divertida farsa “El Mundo de la Luna”, de Haydn.


En el interior
En cuanto al interior del país, el movimiento resultó positivamente intenso. El eje fundamental fue otra vez el teatro El Circulo, de Rosario, que prosiguiendo una labor de encomiable regularidad armó este año un ciclo compuesto por “L’Euridice”, de Caccini (Horacio Castillo), “Cavalleria Rusticana” (Fernando Chalabe y Leonardo López Linares), “Don Giovanni”, “La Vida Breve” y “Carmen” (Anabella Carnevali, Enrique Folger).


En Salta se ofreció “El Elixir” (Gustavo Gibert, Boris Laurés), título reproducido en Posadas (Sebastián Russo). El Opera Studio de Mendoza presentó “La Doriclea”, de Stradella (Verónica Cangemi), en San Juan se dio “Nabucco” (Mariela Schemper), en el Municipal de Bahía “La Traviata” (Marina Silva y Federico Sardella) y en Santiago “La Serva Padrona”. En Tucumán, además de “Rita”, subieron a escena en el San Martín “Roméo et Juliette” y una ópera que se las trae: “La Favorita (Virginia Correa Dupuy, Emir Saúl), en Paraná “Dido y Eneas”, en Corrientes, “El Retablo de Maese Pedro”. Estuvo flojo, en cambio, el Libertador San Martín (Rivera Indarte), de Córdoba, en el que se representó “Un Ballo in Maschera”. Como se lo puede apreciar, un panorama extraordinariamente alentador en lo que hace al desenvolvimiento de la cultura musical argentina.

 


Carlos Ernesto Ure