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En la clausura de la temporada lírica del Colón


PÁLIDA EDICIÓN DE “ANDREA CHÉNIER”

 

Teatro Colón

Martes 5 de diciembre de 2017

 

Escribe: Carlos Ernesto Ure

 


“Andrea Chénier”, drama lírico en cuatro actos, con libro de Luigi Illica y música de Umberto Giordano. Con Maria Pia Piscitelli, José Cura, Fabián Veloz, Guadalupe Barrientos, Gustavo Gibert, Emiliano Bulacios, Sergio Spina, Alejandra Malvino, Cecilia Aguirre Paz, Victor Castells, Norberto Marcos, Alejandro Meerapfel e Ivan Maier. Coreografía de Carlos Trunsky, iluminación de Rubén Conde, escenografía de Emilio Basaldúa, supervisión de vestuario de Eduardo Caldirola y “régie” de Matías Cambiasso. Coro (Miguel Martínez) y Orquesta Estables del Teatro Colón (Christian Badea).

El Colón cerró el viernes su temporada de ópera de este año con un espectáculo definido por improvisaciones de último momento, que con sus menos y sus más, sólo alcanzó rango decididamente modesto. Fue en verdad una lástima, porque “Andrea Chénier” es sin duda uno de los títulos más bonitos y conmovedores de todo el repertorio peninsular. Tanto en sus aspectos teatrales como musicales, la versión no pasó de una débil intrascendencia, lo que desdibujó por cierto el melodrama de Giordano, indiscutible “capolavoro”, entre otras cosas en los planos melódico y pasional, instrumental y vocal.


​Registros femeninos
Definida en las últimas semanas, con motivo de la polémica deserción de la cineasta Lucía Martel y su equipo, toda la puesta se pudo apreciar discreta por donde se la mire (iluminación, vestuario, escenografía y “régie”; se usaron incluso trajes y objetos escénicos de otras obras). En cuanto a la orquesta, estuvo en el podio el rumano Christian Badea, maestro que cada vez dirige con menor frecuencia (y sustituyó a Donato Renzetti), quien cumplió una labor de vuelo pobre, en la que alternaron el desabrimiento y la confusión, ello al frente de un conjunto que no se caracterizó precisamente por su pulcritud y claridad de texturas. Preparado por su titular, Miguel Martínez, el coro estable se manejó en cambio con acabada precisión y ponderable belleza global.


En el cuadro de cantantes, cabe apuntar que nuestro compatriota Fabián Veloz (Gérard, reemplazante de Roberto Frontali), si bien mostró atrayente línea, se vio superado por los contornos dramáticos de su personaje, lo que se hizo particularmente evidente en el tercer acto, en el que forzó la emisión, que se tornó desigual, ondulada y tímbricamente débil. En cuanto a José Cura (Chénier, en lugar de Marcelo Álvarez), es cierto que conserva estilo y “slancio”, pero la opacidad del centro, sin perjuicio del ímpetu de los “forte”, sus dificultades para sostener la afinación (“Un dì all’azzurro spazio”) y sus innumerables “truccature” terminaron por deformar vocalmente su papel.


Las dos figuras más importantes de la jornada fueron desde ya Guadalupe Barrientos y Maria Pia Piscitelli. La primera (Bersi) mostró registro opulento, parejo, de agradable color. Con respecto a la soprano de Bari (Maddalena), quien ya había representado esta parte con gran solvencia en el Argentino, de La Plata, en 2006, a despecho de un caudal quizás algo reducido para el Colón, lució absoluta homogeneidad en toda la tesitura, fino legato y natural flexibilidad, lo que le permitió colocar siempre notas de impecable tersura (los graves de “La mamma morta”) y desplegar con inflexiones de calidad los únicos momentos de genuina trasmisión emocional que emergieron en toda la noche.


Hoy, en la Scala

A fin de apreciar la importancia del título de Giordano en el panorama musical italiano, vale la pena tener en cuenta que el teatro Alla Scala, de Milán, donde tuvo lugar su estreno mundial, en Marzo de 1896, inaugura hoy (ATENCIÓN: LA FUNCIÓN ES EL JUEVES 7) su temporada, justamente con “Andrea Chénier”. En el día de Sant’Ambrogio, patrono de la ciudad, esta ópera cuya acción transcurre en plena revolución francesa y el terror jacobino tendrá como intérpretes a Anna Netrebko, Yusif Eytvasof y Luca Salsi, producción de Mario Martone y conducción de Riccardo Chailly, quien la grabó con Luciano Pavarotti y Montserrat Caballé.


Calificación: regular


Carlos Ernesto Ure