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Con Gustavo Dudamel en el podio: academicismo y pasión en el Colón


DESLUMBRANTE LABOR DE LA FILARMÓNICA DE VIENA

 

Teatro Colón

Sábado 10 de Marzo de 2018

 

Escribe: Carlos Ernesto Ure

 


Brahms:

- Obertura para un festival académico, opus 80 y

- Variaciones sobre un tema de Haydn, opus 56

Tchaicovsky:

- Sinfonía Nº 4, en fa menor, opus 36.

 

Orquesta Filarmónica de Viena (Gustavo Dudamel).

 

 

¿La Filarmónica de Viena es la mejor orquesta del mundo? No es necesario responder esta pregunta, desde ya bien planteada. Pero tengamos en cuenta que una audición en vivo del organismo austríaco nos lleva a vislumbrar nítidamente algo así como una suerte de “non plus ultra”. Esto es, que nada existe (ni puede existir) más allá de la suprema excelencia y calidad de esta agrupación difícil de igualar.


En su sexta visita a nuestro medio (las anteriores fueron en 1922, 1923, 1965, 1985 y 1999), la orquesta fundada en 1842 por Otto Nicolai se presentó el sábado en el Colón, en el único concierto ofrecido en la Argentina en el marco de esta gira, y su desempeño puede ser definido diciendo simplemente que estuvo a la altura de sus antecedentes. Brillante por donde se los mire, impresionantes en sus transparencias sectoriales y sincrónicas amalgamas, de ajuste perfecto, nuestros visitantes, conducidos por Gustavo Dudamel, protagonizaron una velada de jerarquía, que no será olvidada y culminó con una concurrencia desbordante aplaudiendo enfervorizadamente de pie.


Brahms, serio
Ente los múltiples rasgos sobresalientes del organismo vienés (que actúa como orquesta de ópera en los Festivales de Salzburgo), cabe apuntar la rotundidad espectacular de sus ataques, de límpida concisión, la precisión de todo cierre de período y la exquisita, si se quiere alada maleabilidad de los “crescendi” y apagamientos. A ello debe añadirse un sonido con el alma opaca propia de la tradición centro-europea, que modelado a través de cerca de dos siglos de continuo ejercicio interpretativo, parece ir conformando, sucesivamente, los contornos plásticos más íntimamente apropiados para cada pasaje.


La sesión se inició con dos trabajos escolásticos de Brahms, en cuya exposición el joven maestro venezolano (37), estrella fulgurante en la dirección orquestal internacional, condujo con general serenidad de líneas, fluidez de fraseo y atildado manejo de las transiciones. Obra de circunstancias (su autor la dedicó a la Universidad de Breslau cuando lo nombraron doctor “honoris causa”), la Obertura para un Festival Académico fue seguida por el conocido “Coral de San Antonio” (Variaciones sobre un tema de Haydn). De esta pieza bellamente austera, Dudamel (que no usó partituras en toda la noche) plasmó una versión de alquímico equilibrio, delicada claridad de texturas y depurada poética, agraciada en la Séptima Variación (“siciliana”) y de muy bonita filigrana en la fuga de la siguiente.


Vibrante Tchaicovsky
Tal como era de imaginarse, el plato fuerte vino después. Pletórica de ráfagas y giros pasionales, la Cuarta, de Tchaicovsky (menos difundida que la Quinta y la Sexta, pero igualmente espléndida) fue objeto una interpretación decididamente luminosa. Realmente magnífico en las acentuaciones, marcadas con talento innato, en la contagiosa convicción y absoluta seguridad de la gestualidad, Dudamel llevó la ejecución, iniciada con una solemne fanfarria, a las más altas cumbres. Impetuosa, vibrante, por momentos de dinámica galvanizante, la versión exhibió además en todo momento redonda cohesión discursiva y un control técnico formidable, que evitó el más mínimo desborde aun en los trozos de máxima velocidad y “tutti” en “fortissimo”.


Resulta oportuno señalar también que la Filarmónica de Viena, además de oboe, clarinete, flauta, piccolo y fagot decididamente notables, lució una cuerda de impactante categoría. Suntuosos en su desempeño global, los arcos desplegaron un lenguaje de enorme expansión de armónicos, pastosa densidad y tersas reverberaciones, ello sumado a magnífica homogeneidad de familias. En lo que hace al entramado sonoro, debe apuntarse como nota curiosa, que la formación ubica los contrabajos en semicírculo atrás a la izquierda, entre las maderas y la percusión. Pero ello no distorsiona para nada las voces del resto, casi un órgano de variados registros, operado como un único y solo instrumento, de lujosa articulación.


Calificación: excelente
Carlos Ernesto Ure

 

 

 


TOCANTE HOMENAJE
En la mañana del día del concierto tuvo lugar en el Cementerio Alemán un acto singular. Presidido por el Embajador de Austria, Christoph Meran, la Filarmónica de Viena recordó a Franz Behrends, primer clarinete en la gira de 1923, quien falleció en Buenos Aires en su transcurso, en el Hospital Alemán, debido al agravamiento de una tuberculosis que desembocó en neumonía. Luego de oírse sentidas palabras evocativas por parte del primer violín Hubert Kroisamer, se depositó una corona de flores rojas y blancas sobre su tumba, y los cinco solistas principales de la agrupación ejecutaron el excelso “larghetto” del Quinteto para clarinete y cuerdas, K 581, de Mozart. Enterrado el 24 de Agosto, la oración fúnebre de Behrends, en ese mismo sitio, fue pronunciada por Richard Strauss.