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PASIONES EXTREMAS

Auditorio Nacional del Palacio Libertad.

Viernes 14 de noviembre de 2025

 

Escribe: Alejandro Domínguez Benavides

 

 


Orquesta Sinfónica Nacional.   

Obertura Coriolano Op. 62 de Ludwig van Beethoven,

Wesendonck Lieder WWV91 (“Las canciones de Wesendonck”) de Richard Wagner.

Sinfonía N°6  “La Patética”, en si menor, Op. 74 de Piotr Y. Tchaikovsky

Dirección:  Ligia Amadio. 

Solista vocal.  Carla Filipcic Holm (soprano)


El título de esta nota toma como referencia las palabras introductorias pronunciadas por la directora brasileña Ligia Amario antes de iniciar su labor al frente de la Orquesta Sinfónica Nacional. El concierto presentó una programación cuidadosamente estructurada y temática, que formará parte del repertorio destacado de la agrupación.

 

LA CULTURA GRECOROMANA DE BEETHOVEN

Aunque Ludwig van Beethoven (1770-1827) únicamente compuso una ópera, Fidelio (titulada originalmente Leonore), manifestó un interés recurrente en la creación de oberturas y música incidental para obras teatrales, como Egmont de Goethe. Si bien es conocido que Coriolano es una obra de William Shakespeare, Beethoven se inspiró para escribir su Obertura en otra pieza dramática que aborda el mismo personaje, Cayo Marcio Coriolano. El autor de esta obra fue el dramaturgo vienés Heinrich Joseph von Collins (1771-1811), contemporáneo de Beethoven, cuya versión homónima data de 1804. La comprensión que poseía Beethoven sobre el personaje histórico Coriolano se fundamentaba no solo en el texto de Collins, sino también en su autodidactismo, que incluía un vasto conocimiento de la historia grecorromana adquirido a través de lecturas como las Vidas paralelas de los nobles griegos y romanos de Plutarco.

 

La Obertura Coriolano está escrita en Do menor, una tonalidad frecuentemente elegida por Beethoven para sus composiciones más intensas. Ejemplos notables incluyen la Sonata para piano op. 13 (Gran Sonata Patética), el Cuarteto de cuerda op. 18 n.º 4, el Concierto para piano n.º 3 y, especialmente, la Sinfonía n.º 5. La fecha de composición de la obertura coincide con el periodo creativo de la Quinta Sinfonía, lo que explica la proximidad estilística entre ambas obras. Sus similitudes se evidencian en la estructura tensional, el carácter enérgico e inquieto —atributos vinculados a la figura de Coriolano— y la sensación constante de avance. El inicio se caracteriza por una nota al unísono prolongada, seguida por un acorde enfático; este motivo es reiterado en dos ocasiones antes de presentar el primer tema, marcado por gran dinamismo. El segundo tema, expuesto en la tonalidad principal y posiblemente alusivo a los intentos de la madre de Coriolano de disuadirlo de atacar Roma, queda desplazado por pasajes de mayor dramatismo, reafirmando el temperamento impulsivo del protagonista.

 

La gran maestra brasileña logró demostrar que esta obra mantiene su capacidad para captar la atención del oyente. Destacan el brillo de los instrumentos de viento, el trémolo de las cuerdas y los acentos entrecruzados que proporcionan un impulso dinámico a la música.

 

PROLEGOMENOS E TRISTAN UND ISOLDE

El romance de Wagner con Matilda Wesendonck dio como resultado el bellísimo ciclo de canciones que lleva su nombre y cuyas letras ella misma escribió.Musicalmente, guarda similitudes con Tristán e Isolda.

 

La interpretación del texto realizada por Carla Filicip Holm resultó destacada. Se apreciaba una auténtica expresión de asombro contenido en Wenn Aug' in Auge wonnig trinken, acompañada por una amplitud superior y una elegancia refinada al conducir al público hasta el desenlace; asimismo, su versión de (Keinen Wunsch mehr will) das Inn're zeugen se caracterizó por una sensación de ligereza y elevación.

 

En la interpretación de Im Triebhaus, la maestra Ligia Amario logró transmitir con precisión una atmósfera de desolación. Esta obra, claramente relacionada con el acto final de Tristan und Isolde , se distinguió por su orquestación cuidadosamente elaborada, en la que trompas, arpa y violas se emplearon de manera sumamente precisa para resaltar los matices del poema. Filipcic Holm aportó un complemento adecuado al conjunto mediante un destacado control vocal en las complejas líneas melódicas de las canciones. Cabe resaltar su habilidad para dar expresión a las palabras en Und der Leiden strummer Zeugen.

 

La intensidad de Wohl Ich weiss es, arme Pflanze en la cuarta estrofa, junto con la cuidadosa ubicación de Unsre Heimat es Nicht hier!, puso de manifiesto una vez más el alto grado de concentración interpretativa de la cantante. «Schmerzen», a menudo considerada la sección menos destacada del ciclo, alcanzó sus compases finales mediante el control riguroso y convincente que Amario y Filipcic Holm ejercieron sobre la dinámica y el ritmo. Ambos crescendos de la segunda estrofa se gestionaron con precisión, preservando intacta la línea vocal final en «O wie dank'ich» antes de que Eschebach retirara a la orquesta.

 

En «Träume» se evidenció la transparencia de la escritura orquestal, envolviendo la melodía vocal en una atmósfera melancólica de notable calidad. El tempo sosegado y cadencioso marcado por la directora resaltó la atención minuciosa de la soprano al texto, logrando que cada reiteración de «Träume» ganara en intensidad progresiva hasta el cierre, donde, tras el casi imperceptible suspiro y descenso de la solista en el «Gruft», el delicado acompañamiento de la orquesta se extinguió de manera etérea.

 

Fue una actuación extraordinaria, no solo por la interpretación de Filipcic Holm-encarnóhace quince días una Salomé magnífica en el Teatro Colón-, sino también por el apoyo comprometido e inteligente de Amario y los miembros de la Orquesta Sinfónica Nacional.

 

REIVINDICACIÓN DEL TALENTO DE TCHAICOVSKY

Cabe señalar que la Sinfonía Patética de Tchaicovsky no debe interpretarse como una nota de suicidio musical, ni como obra de un compositor moribundo. Tampoco es resultado de una profunda depresión personal o limitación creativa; incluso el título "Patética" puede llevar a connotaciones estéticas inadecuadas. De hecho, Tchaicovsky aceptó el término ruso Патетическая (“Patetitčeskaja”) sugerido por su hermano, que se traduce más apropiadamente como “apasionada”, y descartó el título “Sinfonía Programática”. El compositor instruyó a su editor para que la obra fuera presentada simplemente como Sexta Sinfonía en si menor, dedicada a su sobrino Bob Davydov.

 

La pieza fue estrenada bajo esta designación por Tchaicovsky en San Petersburgo el 28 de octubre de 1893. Posteriormente, en su primera interpretación póstuma tres semanas después, recibió el nombre de "La Patética", denominación que ha perdurado hasta la actualidad.


Esta obra evidencia la destreza compositiva de. Tchaicovsky. El propio autor la describió en varias ocasiones como “lo mejor que he compuesto o que llegaré a componer”, destacando el papel fundamental de esta obra en la superación de su bloqueo creativo y marcando un retorno significativo a los momentos más altos de su trayectoria musical. Tchaikovski se distanció así del carácter popular de ballets como El Cascanueces y de las piezas para piano compuestas en 1893, que juzgaba menos relevantes. La Sexta Sinfonía le proporcionó una notable satisfacción personal, tal como lo corrobora el testimonio de su hermano tras la entrega de la partitura al editor: “Hacía mucho tiempo que no lo veía tan brillante”.

 

Si bien , la Sexta Sinfonía aborda el tema de la muerte. Constituye la culminación y transformación de un programa previamente esbozado por Chaikovski para una Sinfonía en mi bemol mayor, la cual fue descartada en 1892; sin embargo, el primer movimiento fue reelaborado como su Tercer Concierto para Piano. Tchaikovski escribió: «La esencia última… de la sinfonía es la Vida. Primera parte: impulso, pasión, confianza, deseo de actividad. Debe ser breve (el desenlace, la muerte, resultado del colapso). Segunda parte: amor; tercera: decepciones; cuarta: final, extinción (también breve)». Aunque esta descripción no coincide exactamente con el desarrollo final de la Sexta Sinfonía, existe una clara relación en cuanto a la representación del colapso musical, emocional y físico, especialmente evidenciada en el Adagio lamentoso, cuarto movimiento de la obra. Igualmente, este esquema constituye el acercamiento más directo que se tiene al programa que inspiró la Sexta Sinfonía, el cual Tchaikovski confesó a su sobrino Bob estaba presente en la música, aunque permanecería en secreto.

 

La directora Ligia Amario demostró gran habilidad y conocimiento al plasmar la dinámica entre una energía vital persistente y una fuerza de olvido, finalmente predominante, que concluye en un profundo agotamiento. Esta interpretación adquiere relevancia universal, extendiéndose más allá de Tchaikovski, debido a la manera en que la directora logra cohesionar el drama musical y sinfónico de la obra.

 

El grito de dolor que marca el clímax del primer movimiento anticipa las escalas descendentes presentes en el último, mientras que el segundo “Allegro con grazia utiliza una danza en compás de cinco tiempos que alterna entre la sonoridad de un vals y la evocación de una alegría pasada. La Marcha del tercero un Allegro molto vivace generó una efervescencia superficial que no se desarrolla hacia una resolución musical concreta; sus últimos compases representan una victoria reconocida por su grandiosidad aunque carente de profundidad, lo que suele provocar una reacción espontánea del público al concluir el viaje sinfónico tradicional. El verdadero desenlace se manifiesta en el Adagio lamentoso, que empieza con una melodía dispersa entre la sección de cuerdas y finaliza con los graves de los contrabajos extinguiéndose progresivamente en el silencio.

 

El Finale presentó una interpretación en la que Ligia Amario y la orquesta demostraron un compromiso total con el desarrollo trágico de la obra. El clímax final manifestó notoria intensidad por su profundo carácter melancólico.