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En el Colón, en el cierre de la temporada lírica

 

UNA DISCRETA REEDICIÓN DE “LA TRAVIATA”

 

 

Teatro Colón

Martes 18 de noviembre de 2025

 

Escribe: Carlos Ernesto Ure

 

 

La Traviata”, ópera en tres actos, con texto de Francesco Maria Piave, y música de Giuseppe Verdi.

Con Hrachuhí Bassénz, Liparit Avetisyan, Vladimir Stoyanov, María Luisa Merino Ronda, Santiago Martínez, Gustavo Gibert, Christián Maldonado y Christián Peregrino. 

Escenografía: Daniel Bianco:

Vestuario: Renata Schussheim.  

Iluminación: Eduardo Bravo.

Régie”: Emilio Sagi. Coro (Miguel Martínez) y Orquesta Estables del Teatro Colón (Renato Palumbo). El martes 18, en el teatro Colón

                                                         

 

“La Traviata” es una gran ópera (y una de las más populares del mundo), ¿qué duda cabe? Y requiere por ello el concurso de grandes cantantes, además de un marco escénico de primera categoría. Sin embargo, estos vectores cardinales no aparecieron en la nueva producción del Colón, que el martes se dio en carácter de última función de la temporada lírica oficial, en una velada que resultó por ello fría y poco lucida como denominador general.

 

Voces inciertas

Entremos ahora al reparto. Debutante en nuestro medio, Hrachuhí Bassénz (46, protagonista), aparte de poseer un caudal limitado para las dimensiones de nuestro máximo coliseo, desafinó (“caló”) en varios momentos, reveló emisión muy irregular en toda la tesitura y gritó como pudo los “do” y “re” agudos del final del primer acto. Sin perjuicio de su lograda interpretación de “Addio del passato”, la labor de la soprano armenia pareció superficial, francamente olvidable. Su connacional y “partenaire”, el tenor Liparit Avetisyan (35, Alfredo) mostró a su vez un registro de impostación extraña y notas engoladas, abusó de las “sfumature” y no pudo desplegar una sola frase armada con plenitud dinámica y expresiva. Completó el elenco el barítono búlgaro Vladimir Stoyanov (Germont), quien lució atildada línea y metal sólido, aunque sin expansión ni armónicos.

 

La puesta y el coro

La “régie” corrió por cuenta de Emilio Sagi, miembro de una ilustre familia de la lírica española, y no se destacó precisamente por la creatividad de sus ideas. La escenografía, diseñada por Daniel Bianco (¿ambientada en 1960?), aparte de su sobriedad, expuso una llamativa heterogeneidad estilística (el cuadro de la casa de campo, de todos modos, fue bonito). En cuanto a los figurines, pertenecientes a Renata Schussheim, cabe apuntar que se vieron finos, muy estilizados, atrayentes.

 

Preparado por su titular, Miguel Martínez, el coro estable, en cambio, volvió a cumplir una faena singularmente esbelta, doblemente meritoria debido a la rapidez con que llevó la partitura Renato Palumbo (62).  De este maestro del Veneto se esperaba otra cosa. Pero lo cierto es que cubrió impiadosamente a los cantantes y su traducción resultó altisonante, velocísima, por momentos de articulaciones confusas. Se puede hacer un Verdi fino, o un Verdi ordinario. Cada uno puede sacar sus conclusiones.  

 

 

Calificación: regular

 

Carlos Ernesto Ure

 

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