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Estética sesentista, batuta segura y una notable interpretación vocal

 

 

LA TRAVIATA, una lectura sensible y reveladora

 

Teatro Colón

Jueves 20 de noviembre de 2025

 

Escribe: Martin Wullich

 

 

La Traviata (ópera en 3 actos)

- Música: Giuseppe Verdi

Reparto: Hrachuhi Bassenz, Liparit Avetisyan, Vladimir Stoyanov, María Luisa Merino Ronda, María Eugenia Caretti, Gustavo Gibert, Santiago Martínez

- Orquesta: Estable del Teatro Colón - Dirección Musical: Renato Palumbo

- Coro: Estable del Teatro Colón - Dirección: Miguel Martínez

- Escenografía: Daniel Bianco

- Vestuario: Renata Schussheim

- Iluminación: Eduardo Bravo

- Dirección de escena: Emilio Sagi

La puesta de La Traviata, en el cierre de la temporada lírica 2025 del Teatro Colón, ofreció un gran equilibrio entre libertad escénica y fidelidad al espíritu verdiano. La musicalidad, refinada y siempre al servicio del drama, acompañó cada viraje emocional: los pasajes festivos chispearon con viveza, mientras que los momentos introspectivos conservaron una tensión sostenida.

Con la dirección de Renato Palumbo, la Orquesta Estable alcanzó una ejecución precisa y elocuente. Sus indicaciones, claras y firmes, dieron lugar a un tejido sonoro ágil y transparente, pero con el peso expresivo necesario para sostener los núcleos más dramáticos. En lo escénico, Emilio Sagi ofreció una mirada elegante y nostálgica. Recurrió a la estética sesentista con solvencia plástica y volvió a su ya clásico recurso de fotógrafos con flashes —como en su Carmen de 2013—, integrándolo con naturalidad en el entramado visual.

 

El diseño de Daniel Bianco aportó refinamiento y claridad conceptual. El blanco y negro dominó el comienzo —en arquitectura y vestuario— y dio paso, en el segundo acto, a un bellísimo vitral en tonos violáceos que dialogaba con el vestido y el nombre de la protagonista. Detalles como un teléfono de disco blanco o una lámpara Tiffany reforzaron la ambientación de época. La iluminación de Eduardo Bravo completó el clima con sutileza para generar atmósferas acordes a los climas vividos. El telón translúcido, que por momentos funcionó como ventana al mundo íntimo de Violetta, fue un hallazgo de gran impacto visual.

El vestuario de Renata Schussheim, festivo y a la vez distinguido, se integró con naturalidad a esta estética. El rojo tomó protagonismo en el cuadro de las gitanillas, con vestidos y abanicos de exquisita presencia, amplificados por los diseños vigorosos de la artista; y la entrada de los matadores dio lugar a uno de los pasajes más logrados: movimiento, color y voces confluyeron en un momento de verdadera brillantez. La coreografía, precisa y simpática, fue interpretada con soltura por todo el elenco.

El Coro Estable, dirigido por Miguel Martínez, ofreció intervenciones de alta calidad. Sus voces sonaron delicadas pero firmes, equilibradas como un tejido vocal refinado. Su crescendo final estalló con fuerza emocional. Fue particularmente significativo cuando saludaron por separado antes del cierre del acto: un gesto justo para reconocer su protagonismo. 

 

En el plano vocal, Hrachuhi Bassenz ofreció una Violetta de gran vuelo artístico: voz generosa, florituras nítidas, agudos firmes y una presencia escénica de enorme seguridad. Su Addio del passato alcanzó una hondura conmovedora, sostenida por un control técnico impecable y auténtica intensidad dramática.

 

Liparit Avetisyan trazó un Alfredo correcto y de fraseo elegante, aunque algo contenido en expresividad. Su emisión, prolija, no siempre alcanzó la pasión que el personaje demanda y por momentos le faltó proyección.

 

Vladimir Stoyanov, como Giorgio Germont, mostró una línea cuidada y un timbre de brillo atractivo, aunque sin gran expansión ni riqueza de armónicos. Su Di Provenza il mar quedó algo limitada en emocionalidad.

 

Entre los roles secundarios, María Eugenia Caretti brindó una Annina cálida y sensible; María Luisa Merino Ronda compuso una sólida Flora; y Gustavo Gibert dio al Barón Douphol un trazo distinguido, con graves bien apoyados. El tenor Santiago Martínez se destacó especialmente como Gastone, vicomte de Letoriêres: cantó con bello color y se lució escénica y coreográficamente con expresiva simpatía, posando para las fotos y manejando con gracia una pañoleta roja que agitó con destreza casi torera.

 

En conjunto, esta Traviata se distinguió por su musicalidad, su cuidado visual y una teatralidad siempre coherente. La dirección de Sagi, la batuta de Palumbo, la expresividad del coro y la presencia de Bassenz confluyeron en una función rica, íntima y emotiva. Quedó claro que, más allá del canto, aquí se tejió una narrativa viva, elegante y profundamente humana.

 

Martin Wullich

 


Próximas funciones:
Domingo 23 a las 17
Martes 25, miércoles 26, jueves 27,
viernes 28 y sábado 29 a las 20
Teatro Colón
Libertad 621 - CABA
(011) 4378-7100

 

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