Javier Perianes con el Mozarteum en el Colon
JAVIER PERIANES, sin palabras
Teatro Colón
Lune 29 de Junio de 2026
Escribe: Martín Wullich
Foto: Liliana Morsia
En el 150 aniversario del nacimiento de Manuel de Falla
Manuel De Falla (1876-1946) Nocturno en fa menor (1896)
Frédéric Chopin (1810-1849) Nocturno en re bemol mayor, op. 27 n.º 2
Manuel De Falla Mazurka en do menor (1899)
Frédéric Chopin Mazurka en la menor, op. 7 N.º 2 - Mazurka en sol mayor op.67 Nº1
Manuel De Falla Serenata andaluza (1900)
Frédéric Chopin Vals en la menor op. 34 Nº2
Manuel De Falla Canción (1900)
Frédéric Chopin Berceuse en re bemol mayor op.57
INTERVALO
Manuel De Falla Cuatro piezas españolas (1909) Aragonesa; Cubana; Montañesa; Andaluza Isaac Albéniz (1860-1909) Iberia (SELECCIÓN) “Evocación”, ”El Polo”, “Almería”, “Triana”
Bises:
Fantasía Bética
Danza Ritual del Fuego
El pianista español construyó un cautivante viaje musical desde Chopin hasta la esencia española de De Falla y Albéniz
Perianes no profirió una sola palabra. Entró con paso rápido. Apenas miró al público. Se sentó y tocó. Casi sin pausas. Apenas las necesarias para los aplausos. Y cómo tocó. Alternó entre De Falla y Chopin. Fin de la primera parte. Dejó la sala como entró, sin vueltas.
Después del entreacto tocó con más hondura todavía, con más matices, con más sutilezas. Llegó al final. Hizo tres bises. Se fue. Ni adiós dijo. Ni falta hizo. Sus notas verbalizaron todo. El fuego del final habló por él. Y el público entendió. Qué más. Perianes. Y punto.
Tan cuidada como la interpretación fue la arquitectura del programa. El pianista hizo dialogar al joven Manuel de Falla con Chopin. Nocturnos frente a nocturnos. Mazurkas frente a mazurkas. La Serenata andaluza encontró su respuesta en el Vals en La menor. Y la Canción pareció extender naturalmente la mano hacia la Berceuse, la última voz de Chopin en la velada.
El público estuvo remolón al volver del entreacto, como si el champagne hubiera merecido más atención que el escenario. Algunos entraron cuando ya había comenzado la Cubana de la Cuatro Piezas Españolas de De Falla. Otros lo hicieron incluso después de la Aragonesa. Impensado. Perianes continuó, impertérrito. Y cada vez más fascinante, el recorrido desembocó en la Montañesa y la Andaluza.
Después llegó Albéniz. Y con él, Iberia. Las evocaciones terminaron en Triana, después de pasar por El Polo y Almería, cuyas notas finales encontraron en Perianes un intérprete de extraordinaria sensibilidad.
Y llegaron los bises, que fascinan siempre. Más aún cuando quien vuelve al escenario no parece buscar el aplauso sino completar una historia que todavía no había terminado de contar. Con el gracejo técnico y los latidos de un ilusionista, Javier Perianes convirtió unas notas en un viaje. Hubo quienes aprovecharon para irse antes. Allá ellos. Afuera los esperaba la noche porteña, alejada de jardines. Sin danza. Sin rito. Sin fuego.
Martin Wullich


